Notas de viaje: Sierra Leona contada por Serena Caimano. Parte 1

“Las personas no hacen viajes, son los viajes los que hacen a las personas” (Steinbeck)

Serena Caimano, CEO de Elgon, en este y en los dos próximos posts del blog nos contará su experiencia como testimonio personal na, el país en el que Elgon y COOPI llevan a cabo el proyecto “Planta la Esperanza”, un proyecto activo desde 2010 que se dirige a las mujeres que trabajan en la agricultura, en especial en el cultivo del anacardo. Allí donde palabra como “emancipación”, “independencia” o “emprendimiento” son conceptos muy lejanos de la realidad cotidiana, allí donde los derechos civiles son aplastados por la miseria de las guerras, donde se vive con poco y se muere por mucho menos, allí es donde Elgon ha decidido entrar en juego y reforzar esta cadena de producción. Y la herramienta con la que lo hace es la formación, un argumento muy cercano a la empresa.

De hecho, es dando una formación a las mujeres sobre la elaboración, conservación y venta del producto que se hace posible la misión de convertirlas en autónomas. Un trayecto largo, que requiere constancia y empeño. Un trayecto que no será sólo portador de beneficios para Sierra Leona, sino que representa y representará siempre un momento de crecimiento e intercambio inolvidable entre dos mundos.

Leed el diario de Serena Caimano y entenderéis el significado.

“Se decide salir de viaje por muchos motivos” Para buscarse a sí mismo, para encontrar respuestas a nuestras preguntas, para conocer aquello que aún no sabemos.

Yo, cuando decidí viajar a Sierra Leona, buscaba todo esto. Probé a hacer muy más cada vez más pequeños mis miedos, dejándolos de lado en lo más profundo de mi bagaje, con tal de dejar más espacio a mis grandes expectativas y poder llevarme de vuelta a casa cuento más fuera posible de este viaje. Por otra parte, la única regla del viajero es: nunca vuelvas igual que partiste. Vuelve cambiado (Anne Carson).

Me buscaba a mí misma en Sierra Leona. Tras años de colaboración con COOPI, me parecía el momento adecuado para ver con mis proprios ojos aquello que, desde nuestro pequeño mundo, estábamos haciendo de forma concreta, concienzudamente, con seriedad y pasión.

Buscaba respuestas a mis preguntas. Quería entender aquello que hasta aquel entonces era solo una idea lejana, aprendida a través de lo que otros me contaban y muy muy lejana de mi cotidianidad, de mi vivir.

Quería conocer aquello que no sabía sobre África, sobre Sierra Leona en particular, su cultura y su gente. Quería conocer aquello que estaba separado de mí por más de 4000 km de distancia, lejos de mi casa, de mi empresa, de mi existencia.

Así que, en medio de este torbellino de emociones, me preparo para partir. Y no hay nada más hermoso que ese instante que precede al viaje ese instante en el que el horizonte del mañana decide visitarnos y nos cuenta sus promesas (Milan Kundera).

Y como a menudo sucede, durante el frenesí de la vida, entre reuniones, citas, compromisos de trabajo, ese momento de partir llegó. Todavía no me había preparado y ya estaba subida en el avión de línea, lista para empezar uno de los viajes más significativos de mi vida.  Todavía no lo sabía, pero de ahí a pocos días después me encontré de vuelta con mucho más de los que jamás hubiera podido imaginar”.