Notas de Viaje: Sierra Leona contada por Serena Caimano. Parte 3

Hoy publicamos la tercera parte del diario de viaje de Serena Caimano hacia el descubrimiento de Sierra Leona y del proyecto que allí desarrollamos con COOPI.

Las fuertes emociones se suceden a la misma velocidad con la que se acumulan los kilómetros que separan un pueblo de otro, dejando una huella imborrable en el corazón y en los ojos de Serena.

Día 4

Pasan a recogernos con un todo terreno de Coopi para ir a visitar a algunas mujeres de las que trabajan en la cadena de producción del anacardo, me dan la bienvenida con bailes y danzas a los que respondo con la mayor naturaleza de la que soy capaz.

Me cuentan su experiencia: Cómo ha sido posible cultivar y vender anacardos y cómo ha cambiado esto la perspectiva de sus vidas y la de sus familias. Llevan ropa de colores llamativos, se les ve limpias y algunas de ellas llevan joyas, en general, aparecen con un aspecto digno y compuesto.

Me enseñan cómo dividen los anacardos: enteros, picados, rotos, cada uno de los cuales tendrá un valor diferente en el mercado.

Nos guía una señora anciana de la aldea que va nos va abriendo camino por el cultivo entre las plantas de anacardo de sus tierras. Nos adentramos en la vegetación y no muy lejos nos encontramos con una joven campesina que está trabajando sus tierras junto a un niño pequeño que juega cerca de ella. Las plantas de anacardo han sido plantadas hace poco. Hará falta unos 4-5 años para que empiecen a dar sus frutos, mientras los campesinos cultivan los llamados “intercrops”, es decir, los cultivos complementarios como la yuca o los cacahuetes que aquí son pequeñas y en auge.  El proyecto anacardos da una aportación concreta a las personas, a los habitantes de Sierra Leona, ya que consiste en ofrecerles una planta, enseñarles a cultivarla y finalmente ayudarlos a encontrar un comprador internacional a quien venderlos. Es un sistema que sirve para crear lazos entre los Sierraleoneses y su tierra, dándoles una fuente de ingresos a largo plazo.

Más tarde nos desplazamos hacia la segunda aldea, donde somos acompañados para asistir a un curso de formación.

El curso al que asisto tiene como tema la higiene alimentaria, y sirve para crear conciencia en las mujeres que participan (no hay ningún hombre) de las características nutricionales de los alimentos. Dura 3 días, tiene un programa escrito y se imparte con el método del active learning.

Tengo la suerte de poder ver a esas mujeres ahí sentadas y me doy cuenta de cuántas etnias diferentes representan: tienen pómulos, rasgos faciales, corte de ojos y color de piel muy diferente entre ellas.

Día 5

Me encuentro ya casi al final de la aventura, es la jornada de regreso. Preparo mi pequeña maleta y dejo el hotel.

Me quedan un par de horas a disposición y Giacomo me lleva al mercado de Makeni, que se transforma en otro vuelco de corazón. Los puestos están abarrotados con un espacio muy pequeño, las condiciones higiénicas en las que se exponen alimentos como la fruta, pescados, salazones, una especie de papilla de cacahuetes y el aceite de palma, son indescriptibles.

Poco después me acompañan al aeropuerto: me siento melancólica porque el viaje ha sido un éxito y emocionalmente muy fuerte. Agradezco al equipo de COOPI la exquisita hospitalidad demostrada, más de lo que han hecho hubiera sido imposible.

Subo al avión KLM que me devolverá a Europa. Me parece extraño que todo esté limpio, luminoso y cuidado. La ligera inquietud que he sentido en África por fin me despide de mí y cede el puesto a un ridículo sentimiento de misión heroica cumplida. Legados a Ámsterdam me doy cuenta de la disciplina, seguridad y la cantidad de bienes que nos rodean. Si en menos de una semana he conseguido mirar con otros ojos todo aquello a lo que estaba acostumbrada, la riqueza de occidente debe ser verdaderamente impactante vista con los ojos de un africano.

Me pregunto qué debe sentir un chico que llega de Sierra Leona sabiendo que más allá del mediterráneo hay un mundo con más posibilidades de las que hay en su país. Me pregunto por qué algunos hombres viven en condiciones de pobreza sin que el resto de la humanidad pueda hacer algo por cambiar sus vidas de forma significativa. Pienso en John Lennon y en su sueño de igualdad que nos ha dejado en la más célebre de sus canciones, pienso en el sufrimiento inmenso de todas esas personas que son iguales que yo. Iguales exactamente idénticas.

Pienso en el proyecto anacardos y me parece estupendo, pero demasiado poco. Me pregunto qué puedo hacer por ellos. Pienso que el hombre se capaz de salvarse a él mismo solo, trabajando, y que los hombres deban ayudarse los unos con los otros por ética y amor. Pienso en todas esas ocasiones en las que me he salvado sola y a las diferentes personas que han salvado, ayudándome.